Aprendiendo (que es gerundio)

Termina un mes intenso marcado por muchos aprendizajes. O muchas situaciones de aprendizaje. ¡¿Cuáles fueron?!

Situación 1. Vuelvo al tenis después de muchos años sin jugar (después de haber sido una aprendiz eterna).

Situación 2. Empiezo a tomar clase de flauta traversa (después de haber pasado una vida pensando que en algún momento iba a empezar a tocar un instrumento).

Situación 3. Doy mi primer webinar (después de haber pensado durante muchísimo tiempo que lo online no era para mí).

¡¿Cómo estoy?! ¡Exhausta, feliz y reflexiva! Como dirían en España, con agujetas por todas partes. Ahora, si me dejan, voy a compartirles qué me pasó con cada una de estas situaciones.

El tenis.

El tenis fue siempre un gran amor para mí. Mi viejo me enseñó a jugar y fue algo que compartimos toda la vida. Tomé clases mil veces, entrené veranos enteros y… ¡nunca aprendí! O sí. Mi volea y mi revés no van mal, mi drive es una pena. A mis 15 años me di cuenta que ya estaba vieja para ser Gabi Sabatini.

Este mes volví al tenis de la mano de un nuevo profe. Ser profesor de tenis es todo un arte. Está el tipo o la tipa que solo te tira canastos y está quien te cambia de ejercicios una y otra vez hasta que des con tu mejor golpe. Siempre llevo esto en mente cuando soy yo “la profe”: lo mío no es tirar “canastos” sino ir cambiando los ejercicios una y otra vez hasta que le encontremos la vuelta.

Mi nuevo profe es un genio de la motivación. Mi penosa vuelta al tenis dejaba bastante que desear pero él fue encontrando pequeñas cositas de las que agarrarse para motivarme mientras yo sudaba la gota gorda. El primer día hablamos sobre mi “chiflado” drive y le conté que venía de 3 profesores que me habían cambiado la empuñadura una y otra vez (en los últimos 20 años). Me miró y me dijo “yo no te voy a cambiar todo”, “vamos a hacer lo mejor con lo que hay”, “te vas a sentir bien”. ¡Chapeau!

El reto es llevar a cada uno a lo mejor de sus posibilidades respetando (y honrando) lo que ya existe.

Ahora, si me permitís, voy a hacer otro doble click en esta situación. El doble click tiene que ver conmigo como aprendiz. Con el tenis siempre tuve expectativas. Tal vez porque jugué muchas horas, tal vez porque mis viejos invirtieron mucha plata en clases, o tal vez porque soy un plomo y me llevo la exigencia conmigo y a todas partes.

Esta vez volví al tenis intentando ser amable conmigo misma y dejar de decirme lo penoso que es mi drive, lo poco que se notan las horas de clases o simplemente que lo «patata» que soy. Porque… ¡¿saben qué?! Se me de como se me de lo del tenis, siempre lo disfruté. ¡Y eso es lo que vale!

La flauta.

Soy de los seres más musicales que conozco. No podría vivir sin música. A veces digo que soy DJ frustrada, otras en potencia. Me encanta ir de conciertos y descubrir música nueva (y bien variada). Sin embargo, ¡nunca toqué ni el toc-toc!

De año en año iba pasando la promesa de aprender a tocar el saxo pero nunca llegaba el momento. Hasta ahora. Este año los Reyes Magos (sabios ellos) me trajeron una flauta traversa. Ya no me acuerdo muy bien cómo el saxo se transformó en flauta pero aquí estamos: ya llevo mi tercera clase.

En este caso, la profe es magnífica. Yo no sé si lo hago bien o no pero me aplaude y festeja cada nota. Se nota que ama lo que hace y, sin duda, saca lo mejor en mí. Como tengo espíritu deportivo, insisto una y otra vez mientras mi meñique se acalambra y ella sonríe.

Acompañar a alguien que está descubriendo algo de cero es vital. Esos primeros pasos son vitales y cada pequeño pasito es ¡un montón! (como diría ella).

Voy al doble click. Aquí, doña aprendiz al habla. Armar la flauta, aprender a soplar, entender que hay algo como el ritmo y leer partituras. Todo esto es un desafío: hermoso y gigante. ¡¿Qué intuyen?! ¡¿Cómo creen que llevo este tema?!

A diferencia de la raqueta me siento feliz y orgullosa. Me paseo por casa dando conciertos sorprendida por mi talento musical. No esperaba nada de la flauta y todo me parece un logro infinito y lo celebro.

El Webinar.

Siempre pensé que el webinar no era para mí. Podemos discutir de dónde viene esa idea pero, intuyo que tiene una sola fuente: no creo que lo pueda hacer bien y no quiero que quede registrado. Esa creencia siempre se tradujo en “valgo para el vivo y directo”, “no sé no estar cerca de la gente”, “¡¿cómo replico esto online?!”.

Una call con Judy Rees me generó la duda razonable: ¡¿quién dice que no se puede hacer algo interesante en remoto?! ¡¿quién dice que hay que replicar exacto lo que pasa en el «live&direct»?! ¡¿quién dice que yo no valgo?!

Estaba ya con ese runrún cuando Hernán Ricchio (¡todos mis aplausos por lo que moviste!) propuso que celebráramos la semana de la agilidad en Argentina (algo que se expandió luego por todo Latam). Le di alguna vuelta y pensé qué podía aportar. ¡¿Y si esta era una ocasión para animarme con lo online?!

Cambié varias veces de tema y en ese camino se me encendió la lamparita: ¡¿por qué no aprovechar para hacerlo con otros?! Así que hablé con la gran Miriam in Change (Miriam Moreno Bellido) y decidimos zambullirnos en la aventura juntas. Después sumamos a otro grande: mi queridísimo amigo Fernando Abadía que estaría al mando del Graphic Recording. Con estos dos gigantes, la aventura se ponía cada vez más sabrosa.

En paralelo, la comunidad de Gobierno 3.0 decidió dar un paso al frente con otro Zoom. Con el apoyo incondicional y enorme de Iñaki Barneche el encuentro fue tomando forma. Y a último hora Marce Pelz se sumó para dar una mano en el caos de esta experiencia y tirar buenísimas ideas. Tamara Kostetsky le puso el hombro y se sumó en la última hora para hacer magia con sus dibujos. 

(Mientras esto ocurría presioné insistentemente a mi queridísima socia, Xime Gauto Acosta, para que se atreviera a compartir toda la barbaridad que sabe sobre el Marco de Cynefin y Cognitive Edge. ¡Y se animó!

Durante una semana estuve obsesionada con la pedagogía que se esconde tras un webinar y ¡¿saben qué?! ¡No encontré nada! Puede que no haya buscado bien o puede que la mayoría de los webinars están hechos para “vender más”. Así que cansada de no encontrar nada agarré una hoja en blanco: pensé, tiré ideas y… ¡esa cosecha te la debo e irá a otro post!

Hoy fue el día D. Salieron los 2 webinars (+1 con el de Xime). Estaba nerviosa porque, además de ser mi primera vez, estaba lleno de colegas y amigos a los que respeto muchísimo del otro lado. Con decirles que hasta tuve pesadillas, ¡les digo todo!

A última hora la técnica falló bien pero bien. La fuente de la notebook no cargaba, la compu se calentaba y el link de Zoom no iba. Pero… ¡la experiencia fue espactacular! El caos fue tremendo con ¡más de 50 personas en la sala de Zoom! Nos estresamos y nos reímos por partes iguales. Pero, hasta donde sé, pudimos aportar algo a los que participaron.

Aquí no hubo profesores ni mentores: solo amigos con los que hicimos lo mejor que supimos y pudimos. ¡Y entre nosotros creamos la red que (me) hacía falta! (amorosa, generosa y resistente). Me queda mucho para aprender y me llevo el desafío de seguir aventurándome por el mundo online…

Así que cierro este post con algunas reflexiones:

  • ¡Qué maravilloso es aprender toda la vida!
  • ¡Qué bueno es ser amable con una misma cuando estás en esa aventura!
  • ¡Qué importante soltar ciertas expectativas y exigencias! ¡Disfrutar! ¡Y hacer que otros disfruten! (No se aprende más por ser más “machacón”.)
  • Y por último, cuando dedicamos gran parte de nuestros días a acompañar a otros en sus procesos de aprendizaje, ¡qué necesario es que nosotros sigamos siendo aprendices!

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