Manifiesto Ágil: abriendo conversaciones

El debate me estaba resultando soporífero. En un grupo de Telegram de Ágiles llevaban días discutiendo acerca del Manifiesto Ágil: qué era lo que realmente habían querido decir sus signatarios y si estaban haciendo «abuso» de fama en sus carreras en solitario. (Ts, lo de soporífero, dicho con amor).

Será que me cuestan los detalles y la historia. O tal vez solo sea que soy una tipa pragmática y que llevo años “abusando” del Manifiesto Ágil. Porque para mí el Manifiesto Ágil no es la Biblia ni nada que se le parezca; es una plataforma para generar conversaciones y reflexiones de «valor infinito».

Escribo esto y me pregunto si realmente soy tan irrespetuosa (y me deberían llamar hereje) o si estoy exagerando un poquito. En cualquier caso, ¡vamos a seguir metiéndonos en tema! En el post anterior nos habíamos quedado en el Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software, ahora vamos al doble click.

El Manifiesto dice…

“Estamos descubriendo formas mejores de desarrollar software tanto por nuestra propia experiencia como ayudando a terceros. A través de este trabajo hemos aprendido a valorar:

  • Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas.
  • Software funcionando sobre documentación extensiva.
  • Colaboración con el cliente sobre negociación contractual.
  • Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan.

Esto es, aunque valoramos los elementos de la derecha, valoramos más los de la izquierda”.

Esta es la versión oficial. Confieso que cuando lo compartimos en los cursos le hacemos un par de retoques (con todo respeto e intentando que llegue mejor al público): en vez de “software funcionando” decimos “prototipo funcionando” y en vez de “documentación extensiva” decimos “documentación exhaustiva”.

Ahora, ¡¿qué encierran estas 4 oraciones?!

Para arrancar, lo que nos dicen es que ambos valores co-existen (y deben hacerlo) en toda organización, sí. Sin embargo, ante un contexto complejo (en el que el cambio es la única constante), los valores de la izquierda deben primar sobre los de la derecha.

Si hacemos zoom, verás que los valores de la izquierda son afines a un mundo complejo mientras que los de la derecha son los propios de un mundo complicado. (Ts, por eso venimos de tantos posts de contexto: la agilidad llega, arraiga y triunfa en contextos complejos).

¡¿Vemos valor a valor?! Y, aclaro, todo lo que viene aquí es MI interpretación. No lo dice el Manifiesto ni lo charlé con ninguno de sus signatarios. Tampoco me consta que esta sea la explicación que ellos darían o si hay algo así como “una” (sola) interpretación. En todo caso, insisto, creo que su poder está en abrir espacio a potentes conversaciones.

Personas e interacciones sobre procesos y herramientas.

En un mundo complicado (mecánico y previsible), los procesos y las herramientas están bien. Nos dan estabilidad y seguridad. Nos permiten ir más rápido. La panacea del mundo industrial, sí.

En un mundo complejo, esto ya no sirve. Los procesos se aferran a la ilusión de lo previsible pero lo previsible murió. De hecho, si hacés memoria, seguro que te van a venir miles de momentos en los que el proceso en vez de facilitarte las cosas se convirtió en un palo en la rueda. De hecho, si hiciéramos el cálculo del tiempo que perdemos intentando que la realidad encaje en el proceso y le sumáramos el que dedicamos a saltarnos el proceso… ¡nos caeríamos de la silla!

Por todo esto, el Manifiesto plantea que en contextos complejos, nos encontramos ante problemas nuevos que requieren que le demos poder a las personas y a sus interacciones. Las soluciones a un mundo de cambios no están en los procesos ni en las herramientas sino en las conversaciones y la creatividad. «Inteligencia colectiva” le dicen por ahí.

Ahora, ¡¿eso significa que no necesitamos procesos y herramientas?! En lo absoluto. Es imposible que una organización funcione sin ambos. Recuerden: primar, prevalecer, “valoramos más”. Por eso a mi me gusta pensar que la pregunta que nos deja el Manifiesto es ¡¿cuáles son los mínimos procesos y herramienta que necesitamos para darle el máximo poder a las personas y sus interacciones?!

Y una preguntita más (o tres) (¡qué preguntona estoy!): ¡¿qué prima en tu equipo?! ¡¿y en tu organización?! ¡¿y en tu mente?!  

Software funcionando sobre documentación extensiva.

En un mundo complicado, todo-todo-todo se documenta. Y aquí te voy a dar mi lectura. Se documenta para controlar y, como dirían en España, se documenta para vestir el santo. De hecho, esto también va de la mano de la ilusión de seguridad. Ahora, mi pregunta es: ¡¿esto sirve para adaptarnos a los cambios?! ¡¿o es un ladrón de energía que poco valor aporta?! Y una más: ¡¿facilita que los otros nos den feedback o simplemente es una droga fuerte para desanimarlos?!

A veces pienso que además de documentación exhaustiva (yo lo llamo así) deberían sumarle “exquisita”. Porque lo que está escrito no solo es larguísimo sino que también tiene forma de jeroglífico: solo apto para doctos en la materia. En este escenario, no hay un diálogo posible. Generamos cosas para que nadie las vea ni comente.

Ante esto, el Manifiesto nos da otra clave poderosa. En un mundo complejo, debemos trabajar con prototipos. ¡¿Por qué?! Porque el prototipo me permite obtener feedback, me permite aprender, me permite recalcular.

Suelo contar en los talleres que hay 4 niveles de comunicación: puedo describir algo, contarlo, mostrarlo o hacer que el otro lo experimente. No es lo mismo si te cuento que cocino como los dioses, si te muestro una foto o si te doy a probar mis manjares. Ni te lo pongo igual de fácil para que me des feedback, ¡¿o si?! El cuarto nivel es el más poderoso sin embargo es un gran desconocido. Nos movemos en el nivel de la descripción y, a lo mucho, del cuento. Quizás te suene más si llamo a las cosas por su nombre: “cut & paste” (corta y pega). Nos lo ponemos fácil a nosotros, le damos mucho trabajo a los otros.

Ante esto, y si te ves en el espejo, ¡¿cómo es tu día a día?! ¡¿está plagado de documentación “al divino botón” o tiene prototipos?! ¡¿cómo podemos prototipar nuestras ideas y proyectos?! (o debería decir, ¡¿se puede?) Y una más provocadora: ¡¿qué es lo mínimo que necesitamos documentar con el objetivo de (aprender para) adaptarnos a los cambios?!

Colaboración con el cliente sobre negociación contractual.

De un lado del ring «el cliente quiere abusar de mí… si puede, me va a hacer trabajar más de la cuenta». Del otro lado «el proveedor quiere cobrarnos más de la cuenta». La negociación contractual es el reflejo de un mundo en el que la confianza falta a la cita. Cada uno piensa «lo peor» del otro. Y cero propósito compartido. Entonces, ¡¿cómo nos relacionamos?! Negociación contractual, letra pequeña y juegos de suma cero. ¡¿Te suena?!

En un mundo complejo las mejores soluciones llegan colaborando con el cliente. Colaborar implica confiar y saber que si trabajamos juntos llegaremos más lejos. Para lograrlo, el cliente debe a tener un lugar fundamental en el equipo y la relación con él trasciende el momento de la venta / entrega.

Tiene que haber contratos, sí. Pero la confianza nunca se construye con letra pequeña. Y, sumo: necesitamos confiar para darle flexibilidad a nuestros proyectos. El contrato no tiene margen para esto.

Y vos, ¡¿trabajás mirando al contrato o al cliente?! ¡¿Qué se promueve en tu empresa?! ¡¿Y en tu equipo?! ¡¿Qué nivel de confianza andás manejando en tu día a día?!

Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan.

Estos son mis planes y si la realidad cambia… ¡problema de la realidad! ¡¿Te dice algo?! Tal vez si te lo digo de esta forma lo ves más claro. Hay empresas en las que pasan los últimos meses del año planificando el año siguiente y el año siguiente dedican otros tantos meses a explicar porqué no pudieron cumplir con lo previsto el año anterior. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Los Gantts nos han hecho (y hacen) un gran «favor». Nos han hecho (y hacen) creer que el mapa es el territorio. Nos han dado (y dan) la ilusión de la seguridad y control pero… ¡¿alguna vez se cumplen?!

En un mundo en el que el cambio es la única constante, ¡¿qué sentido tiene planificarlo absolutamente todo?! En cuanto pongo un pie en la calle (o en la realidad) todo cambia y esto es dramático: me vienen a la cabeza muchas organizaciones muy-pero-que-muy-respetables y profesionales que no son capaces de ver la realidad. Responder a la realidad tiene que ser más importante que responder a los planes. Aceptar la realidad y responder a ella, amén.

Ahora, ¡¿eso significa que no hay que planificar?! No dije tal cosa. El arte (y acto) de planificar es vital. La pregunta es ¡¿hasta dónde necesito planificar?! O dicho como me gusta a mí: ¡¿qué es lo mínimo que necesito planificar para poder avanzar?!

Toca parar y preguntarte: ¡¿cuánto tiempo dedicás a planificar?! ¡¿Realmente vale la pena?! ¡¿Y qué pasa cuando la realidad se «separa» de los planes»?!

Hasta aquí, un breve repaso valor a valor y mi sensación… Sea cual sea la historia de ese encuentro, estos tipos tendrán siempre mis mayores respetos porque a través del Manifiesto Ágil lograron:

  • Demostrar que lo que estaba fallando era el sistema operativo con el que estábamos trabajando.
  • Poner en jaque el modelo de management taylorista que reina(ba) desde 1911.
  • Sintetizar en menos de 70 palabras en qué debía basarse el nuevo chip.

18 años después el Manifiesto Ágil sigue siendo una fuente de inspiración grandiosa y un canal para reflexionar acerca de la necesidad de cambiar el chip. Así que… ¡gracias, muchachos!

Ilustraciones del gran: Fernando Abadía.

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