Manifiesto Ágil: 18 años después

2001, año en el que nace el Manifiesto Ágil. La pregunta es: 18 años después, ¡¿aún tiene sentido?!

En el último post me quedé en el Manifiesto, ahora te invito a que pasemos a sus frutos. Desde el 2001, las metodologías ágiles fueron tomando “metros” en las áreas de sistemas (vía Scrum, XP y tantas otras).

Con los años, Agile se fue expandiendo por las compañías ¡en forma de metodología! Avanzó en base a “procesos y herramientas” y no en base a los valores del Manifiesto. (Otra historia es cuán exitosos han sido estos caminos). De hecho, ante Agile personas / organizaciones suelen hacer dos preguntas: «¡¿Y dónde funcionó?!» «¡¿Y qué pasos hay que seguir?!».

Entonces, disculpen que desconfíe pero si el primer valor del Manifiesto Ágil reza “Personas e interacciones sobre procesos y herramientas”, ¡¿qué significa esto?! Te invito a que te tomes un minuto y lo pienses.

Desde mi humilde punto de vista: nos es más fácil cambiar la metodología que el chip y… aún no somos conscientes que necesitamos cambiar el chip.

Ahora, retomemos. 2001, nace el Manifiesto Ágil y pega con fuerza desde la metodología pero ¡¿en qué momento (y cómo) se vuelve trending topic?!

En el año 2016, la Harvard Business Review muestra en su tapa “Embracing Agile” y en su editorial anuncia que sabemos que nuestras estrategias van a tener que adaptarse una y otra vez; que los fracasos ocurren y que… ¡tendremos que saber de qué va eso de Agile!

En el 2017, se hace el primer Congreso de Business Agility en Estados Unidos y en el 2018 se hace un congreso con el mismo nombre en Chile. El runrún de Agile empieza a trascender el mundo de los sistemas. O al menos aparece en agenda.

En el 2018, la Harvard Business Review se ceba con el tema. “HR goes Agile” y “Agile at scale” nos quitan las dudas: Agile es uno de los temas del año. (El debate acerca de lo que publicaron da para otro post).

¡¿Y hoy?! ¡¿dónde estamos en el año 2019?!

Agile sigue siendo trending topic. Algunos dirán que es una cuestión de moda; otros que es una exigencia de nuestros tiempos. En cualquier caso, creo que este aniversario es una oportunidad para parar y reflexionar.

¡¿Cuál es el estado de situación?! La mayoría de empresas que «nos» (nos = «los ágiles») están llamando busca soluciones mágicas, recetas de corta y pega, resultados en el acto. Una serie de contradicciones en cadena. ¡Y esto es normal! ¡Súper normal! Porque ellos no saben que Agile es un mindset y mucho menos que la clave para trabajar con el mindset es la coherencia.

Ante este escenario, los «ágiles» tenemos una responsabilidad gi-gan-te. No debemos entrar en los juegos de los espejitos de colores y los cantos de sirenas. Participar en acciones «cosméticas» es poco productivo e incluso contraproducente. Nuestras palabras claves deben ser transformación e impacto, escapando a cualquier operación de maquillaje que solo pretenda mantener el status quo. Debemos ser honestos: con nosotros y los otros.

Por otra parte, debemos ser conscientes. Conscientes de nuestras limitaciones y, sobre todo, de nuestro propio mindset. Aunque nos creamos «salvados», no lo estamos. Construirnos desde un nuevo mindset es un gran reto para nosotros.

Y, at last but not least, debemos ser valientes. Estamos metidos en una aventura que nos exige saltar al vacío una y otra vez . Tal vez por esto la agilidad requiere que trabajemos en «comunidad» (con otros colegas); esa es nuestra «red».

¡¿Y las personas y las organizaciones que quieren ser ágiles?! ¡¿Dónde están hoy?! ¡Están perdidas y es natural! Porque este camino no es sencillo. Agile es innovar en cultura e innovar en cultura es un camino artesanal que requiere empezar desde la cultura e idiosincrasia de cada equipo.

(¡No creas en nadie que venga con soluciones mágicas! Ese te está vendiendo «un buzón»… Y me da lo mismo si tiene el récord mundial de certificaciones. Se pueden tener muchos sellos pero el ADN ágil no se compra).

Y aquí algunas «sentencias»:

  • Pensar que la revolución que necesitamos es la de las herramientas es un error de cálculo importante.
  • Si implementar Agile va en contra de lo que predica el Manifiesto, esta solo será otra moda más que veremos pasar. Una nueva forma de «mantener» la ilusión de u mundo certero y controlable.
  • La revolución «ágil» que necesitamos es la de los valores. Sobrevivir a un mundo de cambios (y no padecerlo constantemente) exige que cambiemos el chip. 

Así que cierro con una invitación. Asumamos (todos) la responsabilidad de los cambios a fuego lento, del respeto por las culturas existentes y los cambios cocinados desde dentro. Solo así tendrá sentido el Manifiesto Ágil.

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