Gobierno 3.0: o la necesidad de cambiar el chip

Es año de elecciones y todos tendremos la mirada puesta en nuestros políticos. Los políticos tendrán la mirada puesta en los ciudadanos. Y los técnicos mirarán a sus políticos manteniendo de reojo a los ciudadanos. Todos están mirando. O al menos, eso parece. Habrá propuestas y acusaciones. Decenas, cientos, miles. Leeremos periódicos, escucharemos la radio y absorberemos debates televisivos. O no. Tal vez (como dicen en España) pasaremos de todo. ¡¿Quién sabe?!

Hasta aquí más de lo mismo. Las ilusiones y los desencantos pertinentes de un sistema operativo del siglo pasado en el que priman dos lógicas: la del juego de suma cero; la de los superhéroes. Pero dejame que me adentre en esto.

Juego de suma cero.

La lógica del amigo y enemigo tiñe el mundo de la política y más aún en años de elecciones. Unos ganan y otros pierden. Existe la ilusión de que los países pueden construirse sin coaliciones y acuerdos. La cooperación brilla por su ausencia; las miradas «superadoras» y creativas también. Esto es así para muchos políticos. Y también para los ciudadanos.  

Los superhéroes.

Los políticos se presentan como los héroes que vienen a rescatarnos. Traen recetas mágicas, promesas infinitas… ¡e impracticables! Pero ojo, ¡los ciudadanos también apuestan por este modelo! Creen en cosas imposibles y, sobre todo, en una altamente improbable: que venga un político al mejor estilo Disney y detrás de sus gafas y vestimenta guarde a un superhéroe que nos salvará de todos nuestros males. (Y en caso de no salvarnos, siempre podemos lincharlo).  

¡¿Te (re)suena algo de esto?!

En año de elecciones, políticos, técnicos y ciudadanos tenemos la oportunidad e incluso la responsabilidad de cambiar el chip (o al menos intentarlo). Y es que si no lo hacemos, cambiarán nuestros políticos, sí. Pero perpetuaremos una lógica que nos tiene empantanados y frustrados.

Por eso escribo este post. Hace algunos años hice un «prototipo» de Manifiesto para el Gobierno del Futuro y creo que hoy, más que nunca, tiene sentido traerlo al debate.

Si te parece, voy a desglosar cada uno de estos ítems.

Políticas públicas validadas en territorio.

¡¿Cuántas veces hemos visto políticas «hermosas» en los papeles y que nadie necesita?! Esto pasa en el gobierno pero también en otras organizaciones. Te lo voy a decir sencillo: hacemos cosas que no tienen valor para nadie. Y como leí una vez por ahí: la vida es demasiado corta como para construir algo que nadie quiere. Y más aún en la corta vida de los mandatos electorales.

No funciona creerse con la bola de cristal, prescindiendo del input de la ciudadanía. Atrás quedaron (o deberían quedar) los tiempos de la mercadotecnia. Esta visto que no sirve mandar a «exploradores» (ni empresas de opinión pública) a descifrar qué quiere la gente.

Los que diseñan las políticas deben estar en el territorio, colaborar (y crear) con los distintos agentes. Para eso necesitan preguntar, charlar, «tocar» el día a día de los ciudadanos. Verlo de primera mano les dará otro olfato, otra comprensión y este será un paso clave para la ideación de las políticas públicas del futuro.

Tal vez la primera definición dice «política pública del futuro // aquella centrada en el ciudadano… ¡no desde el discurso sino desde la práctica! Su objetivo es entregarle valor de forma temprana y continua».

Ojo al piojo. No estoy diciendo que no haya gobiernos y áreas que trabajen así. Los hay. Pero me consta que muchos están lejos de este mindset.

¡¿Podemos seguir?!

Políticas públicas centradas en la ciudadanía (sobre intereses políticos partidarios).

Parece una obviedad esto pero ¡¿dirías que es así?! Cuántas veces el objetivo deja de ser el propósito o bien común para ser el interés partidario. En algunos la vocación de servicio está siempre; otros nunca la tuvieron y están los que la pierden. En ellos se da una lucha sutil: llego al poder para hacer realidad mis ideas (y las de muchos) pero a medida que los días avanzan, mi fin último deja de ser este para ser… ¡quedarme en la silla!

Aquí aparece también la lógica del juego de suma cero: la de Boca-River. O gobierno o… ¡no cuentes conmigo! Ese es un gran reflejo de NO poner al ciudadano en el centro.

Colaboración con otros agentes políticos, sociales y económicos (sobre negociación).

No te vayas de la lógica del juego de suma cero porque aún nos queda más. Estamos acostumbrados (y más en este país) a que «el otro» sea el enemigo. La negociación a cara de perro e, incluso, la falta de negociación tiñen nuestros días. Pero no hay forma de que el país se haga «de a pocos». En serio, es imposible. El país es de todos y necesitamos acuerdos, grandeza y creatividad. Porque sin esto, ¡no hay horizonte!

¡¿Qué pasaría si colaboráramos?! Y alguno me saltará al cuello diciéndome que no entiendo nada y que los ideales y que (como dirían en España) la mar en coche…

Debemos crear una cultura de la colaboración. No podemos reinventar la rueda cada 4 años. Necesitamos un marco de cooperación (acuerdos grandes y estructurales). Y también acuerdos small: de esos que son sencillos y nos van a dar la gimnasia para esta nueva cultura.

¡Eh! Momento. ¡¿Pensás que escribo esto solo para los políticos?! ¡De ninguna forma! Esto vale para todos. Para vos y yo que conversamos todos los días con amigos, colegas y familiares que opinan distinto a nosotros. La cultura de la colaboración y la escucha tiene que crecer orgánicamente en la sociedad para romper este círculo defectuoso de sordera y desconfianza.

Entonces le sumo: las políticas públicas del futuro se basarán en una lógica de confianza, colaboración y abundancia.

Respuesta ante el cambio y versiones “beta” (sobre planes estrictos y documentación exhaustiva).

El cambio es parte de nuestro mundo. ¡¿Quién le hizo pensar al Gobierno que esto no le salpica?! Ahora, si todo cambia todo el tiempo, ¡¿para qué dedicar horas, días y semanas a hacer Gantts en los que planifica todo-todo-todo?!

Y esto lo pregunto con conocimiento de causa. Trabajé más de 6 años en planificación estratégica para gobiernos en España. Hacía unos Gantts que te caes. Planificábamos los 4 años de mandato. Hojitas A3: ¡hermosas! Hacía copias y se los mandaba a mi abuela en Buenos Aires que… ¡cómo no! ¡Estaba orgullosa!

Ahora, que quede entre nosotros. ¡Eso nunca pero nunca se cumplió! Y no es que los hiciéramos mal. Es que simplemente… es imposible. El Gantt es una herramienta magnífica, sí: en un marco de estabilidad que está muerto hoy. De hecho, hasta ahora, muchas de las organizaciones con las que me cruzo (públicas o privadas) me cuentan que pasan los últimos meses del año planificando lo que harán el año siguiente y, el año siguiente pasan meses explicando qué sucedió para que no pudieran cumplir dichos planes.

En otras palabras: el mapa no es el territorio. Necesitamos horizontes a largo plazo y planes a corto: pequeños, ejecutables, que nos permitan obtener resultados rápidos para poder recalcular rápido y barato. (Iterativo e incremental que dirían los ágiles).

Y… ¡¿me permitís agregar algo más?!

Necesitamos documentación, sí. Transparencia, también. Pero lo que necesitamos es saber cuál es la justa medida de lo que documentamos . Es decir, ¡¿cuánta de la documentación que se «mueve» en el Estado sirve para adaptarse a los cambios y cuánta para controlar a la gente y «hacer como si…»?!

Redondeo: las políticas públicas del futuro son flexibles y resilientes, se adaptan a los cambios.

Llegamos al último valor…

Error como parte de un Gobierno que aprende (sobre verdad absoluta y recetas mágicas).

Esto es vital, vital, vital. Es hora de aceptar que los políticos no son superhéroes. No tienen todas las respuestas y, lo que es más importante: no pueden tenerlas. ¡¿De dónde sacamos esa creencia e ilusión?! Y lo que es aún peor: ¡¿por qué no la dejamos ir?!

Los políticos no tienen todas las respuestas. No se enfrentan a problemas matemáticos, no. Se enfrentan a problemas complejos y difíciles de resolver. Que no son los problemas de «ellos» sino los de todos. Y que no pueden resolver solos. ¡¿Salió como un trabalenguas esto?! Ellos, todos, solos…

Personalmente, yo agradecería que un político dijera: «esto es lo que hay». De hecho, los pocos que lo hacen: ¡chapeau! ¡¿Para qué mentirnos o maquillar la realidad?! Somos adultos: nos corresponde saber y nos corresponde no hacernos los giles con ese saber.

Ahora: ese no saber no es un cheque en blanco para hacer cualquier cosa. ¡No amigos! Que no haya soluciones mágicas no significa que haya que andar a los tumbos. Significa que llego la hora de experimentar como científicos. El gobierno del futuro necesita políticas públicas innovadoras y a esto es a lo que me refiero.

Ante todo esto, te invito a que te pases el «Test del ciudadano 3.0» y veas cuáles son tus valores. ¡¿Están más cerca de los valores del pasado o del futuro?!

Y para ir cerrando, sé que alguno me dirá que muchas de estas cosas ya existen y otros me acusarán de ser naif. Si conocés estas excepciones, ¡compartilas conmigo y hagamoslas virales! Y si pensás que soy naif, te invito a una última reflexión. No podemos crear aquello en lo que no podemos creer. La única forma de crear el Gobierno del Futuro (en el presente) es dar rienda suelta a la imaginación. ¡Y convertirla en acción!

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