Complejidad: Cynefin ATP

Cada vez que nos adentramos en el mundo de la agilidad, lo hacemos dando un primer pasito: analizando el contexto en el que nos hallamos. Nuestro tiempo toma distintos nombres según el interlocutor: complejidad, VUCA, caórdico. Lo cierto es que, más allá del nombre, lo relevante es entender cuál es la diferencia entre este contexto y otros; en qué contextos nos movemos y cómo debemos actuar en cada uno de ellos.Y para esto, nada mejor que nuestro amigo Dave Snowden y su Marco de Cynefin (1999).

La palabra Cynefin viene del galés y no tiene traducción literal. Lo más parecido en español sería hábitat, pero sería más correcto definirlo como “the place of our multiple belongings”: el lugar al que pertenecemos y que nos define. Su creador entendió que identificar el contexto es el primer paso que cualquier líder debe dar para tomar buenas decisiones. Quien equivoca el contexto, suele equivocar la decisión (y la acción).

Antes de adentrarnos en los contextos, paremos un minuto y quedémonos en el “marco”. El marco no es un modelo ni un recetario: es un instrumento dinámico para la reflexión. Se recomienda usar con mente abierta y espíritu flexible. Los contextos coexisten y nosotros tenemos que movernos en ellos. De hecho, nos movemos en ellos. Si tu plan era quedarte abrazado a un contexto, ¡tengo malas noticias!

El Marco de Cynefin identifica 3 ontologías básicas (formas en las que las cosas son): la ontología ordenada, caótica y compleja. ¡¿Por qué es importante traer “la ontología” a la cita?! Porque al margen de nuestras interpretaciones, las cosas son. Cada contexto tiene su naturaleza y sus límites que son claves como restricción y condición de posibilidad.  

Si bien, Snowden propone 3 contextos básicos y el desorden que es un estado adicional, solemos hablar de 5 contextos ya que el contexto ordenado se desdobla en el simple y complicado.

Contextos ordenados. ¡Hagamos doble click! Tanto el contexto simple como el complicado son estructurados y predecibles. Tienen límites rígidos y están dominados por los procesos.

  • El simple:
    • Es el contexto de lo evidente / lo obvio, lo familiar y lo conocido.
    • Es el contexto el de las mejores prácticas. Todos saben.
    • Es altamente burocratizado y automatizado.
    • Sus límites y restricciones son evidentes.
    • Modo de actuar: La acción correcta es obvia para todos, asignemos a alguien que lo haga o… ¡automaticemos!
    • Por ejemplo: Estás en tu coche y vas manejando. Se hace de noche. Es evidente que tenés que encender las luces. De hecho, en algunos coches esto es automático. No hay que consultarlo, no hay que llamar a un especialista. Igual, doble click: como el sentido común a veces falla, existen las normas que garantizan que todos lleven las luces encendidas cuando se pone el sol.
  • El complicado:
    • Es el contexto de lo predecible, el de las buenas prácticas.
    • Es el dominio de los expertos y las incógnitas conocidas (aunque haya más de una respuesta posible).
    • Los límites y las restricciones son estables
    • Modo de actuar: Busquemos un experto que analice la situación y nos diga qué hacer.
    • Por ejemplo: Usted tiene un problema de humedad en su casa pero no sabe cómo “gobernarlo”. ¡¿Qué hará?! Llamará a un experto en humedad (arquitecto, ingeniero, albañil) que sabe del tema y ya arregló infinidad de casas y paredes sufrientes. Esperará que le den la mejor solución… ¡y que la ejecuten, claro!

Contexto complejo:

  • Es el contexto de lo empírico, el de las prácticas emergentes. Le llaman contexto complejo adaptativo: fluye y cambia constantemente.
  • Es el espacio de (y para) la experimentación y las redes humanas… y por tanto, de la diversidad. Todos pueden y deben “descifrar” juntos.
  • Es el contexto de las incógnitas desconocidas: tiene patrones perceptibles… ¡es “desordenadamente” coherente!
  • Sus límites y restricciones son parcialmente cambiantes.
  • Modo de actuar: Creemos espacio, tiempo y seguridad para la reflexión de los diversos… ¡y la experimentación! Aprenderemos juntos y haciéndolo.
  • Por ejemplo: Queremos crear nuevos productos / servicios. Ya no alcanza el benchmark ni la palabra de los expertos, innovar requiere la riqueza de los diversos, descubrir oportunidades y convertirlas en nuevas realidades.

Contexto caótico:

  • Es el contexto de la emergencia y las incógnitas absolutas.
  • Es un estado temporal de alta turbulencia y de falta de límites+restricciones. Nadie sabe pero, ojo, ¡algunos actúan!
  • Es el espacio de los equipos de gestión de crisis, sí. Y también donde aparecen los autoritarismos.
  • Modo de actuar: Hay que actuar y ¡punto!
  • Por ejemplo: Se nos incendia la casa. No hay tiempo de pensar ni analizar. Hay que actuar ¡ya!

Falta algo aún, ¡¿no?! Sí, señores y señoras: el contexto desordenado que es el contexto en el que no sé en qué contexto estoy. Aunque suene a trabalenguas, no lo es y lamentablemente es la sintonía en la que estamos la mayoría del tiempo. Nos movemos “siempre igual”, sea cual sea el contexto en el que estemos. Esto es lo que conozco, esto es a lo que estoy acostumbrado… ¡y aquí es donde me voy a quedar! Y… de hecho, así nace el Marco de Cynefin, como un marco que ayuda a los líderes a entender en qué contexto están para así tomar buenas decisiones.

Ahora te invito un minuto a que reflexiones: ¡¿en qué contexto dirías que estás «principalmente»?! ¡¿Y tu organización?! ¡¿Y tu equipo?!

¡¿Lo tenés?! ¡¿Me dejás hacer un poco de zoom?!

Nuestro mundo de «obvio» no tiene nada pero nos inventamos normas y más normas con la ilusión de que sí lo es. El contexto complicado es propio del mundo industrial, es el de Taylor y el de las escuelas de Management tradicionales. Se sustenta en la creencia de que el mundo se divide en Thinkers y Doers y se refleja en (sale en forma de rap): organigramas-planes-programas-procesos-negociaciones-incentivos-bonos-descripciones de puestos de trabajo-encuestas de satisfacción-planes de carrera y… Un mundo sistemático, ordenado, previsible con herramientas y prácticas que van en la misma dirección.

En cambio, el contexto complejo es propio de un mundo creativo, de una economía del conocimiento. De hecho, la palabra más escuchada en este contexto es «innovación», seguida por «inteligencia colectiva». Dejamos de concebir las organizaciones como máquinas para entenderlas como organismos. Vivimos en ecosistemas que se nutren de la interacción humana. Y algo que es esencial: si todo cambia todo el tiempo, las respuestas a los desafíos no están en el pasado ni hay gurú o brujo que pueda tener “la bola de cristal”.

Nuestros días están marcados por tareas que se encuentran en distintos contextos. Nadie vive en un contexto “puro”. De hecho, si algo es dinámico es el contexto. Ahora, detrás de esta afirmación hay una más importante: sea cual sea el contexto en el que estés en cada momento, es fundamental que puedas identificar cuál es. Entonces tengo que preguntarte:

  • ¡¿Ves las diferencias entre los distintos contextos?!
  • ¡¿Pensás que podemos aplicar los mismos valores para todos los contextos?! ¡¿Y las mismas herramientas?!
  • Y voy a ser más salvaje: ¡¿pensás que tenemos la misma forma de sobrevivir ante los distintos contextos?!

Uno de los dolores más graves que padecemos tiene que ver con esto. Algo es disonante. Vivimos en el siglo XXI, sí, pero tenemos  organizaciones del siglo XIX y valores y herramientas del siglo XX. Es imposible que funcione. Nuestro chip quedó varado en el mundo industrial, en Los Principios del Management Científico de Taylor, en las estructuras verticales y… (Fill in the blanks a piacere).

Y no quiero ser desagradecida. Todo esto fue útil y, de hecho, en ciertos contextos sigue siéndolo. Pero en otros no y ese es nuestro principal reto: distinguir qué sigue siendo válido hoy y que no. O dicho de otra forma: a cada contexto, unos valores (y unas herramientas). Nada de “si todo lo que tenés es un martillo, solo ves clavos”.

Snowden nos invita a convertirnos en “chefs”. Y lo primero que hace un buen chef es ver qué tiene en la heladera para decidir qué crear…

Entonces cierro este post invitándote a reflexionar: ¡¿tus valores y herramientas están alineados con el mundo en el que vivís?! ¡¿cuáles podrías soltar (y honrar)?! ¡¿cuáles querés que te acompañen este 2019?! Y, redoble de tambores, ¡¿cuáles te permitirían ser más resiliente y vivir un poquito mejor?!

Post escrito a duo con la crack de Ximena Gauto Acosta: fan nº1 de Snowden y gran-pero-gran conocedora de su obra.

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