El cambio y yo

Se viene un doble click. Ayer hablaba de cambio y me quedé corta. Obvio. Y es que está muy bien que hablemos sobre el cambio como contexto pero necesita un correlato «en carne propia»! Solo así el mensaje se vuelve más potente, consistente (y útil).

Así que vuelvo con el tema haciéndote una pregunta: ¡¿qué cosas están en tu vida igual que hace 20 años?! (si sos más pendex, ponele 10 años). O tal vez debería decir: ¡¿hay algo en tu vida que esté igual que hace 20 años?!

En mi caso, no. Ni de broma. Mi vida cambió radicalmente (y varias veces) desde entonces. Me mudé de país 2 veces. De casa: no puedo ni contarlas. Cambié de coche. Amigos que vinieron, amigos que se fueron. Trabajos. Y… la aritmética del cambio es bestial.

Y te voy a invitar a que reflexiones un rato: ¡¿cuáles son los cambios en tu vida que te vienen a la mente cuando te comparto esto?!

En mi caso, puedo distinguir los elegidos y los «impuestos». Y dentro de ambos, hago otra distinción:

  • Los realmente elegidos (con consciencia).
  • Los en teoría elegidos (sin consciencia).
  • Los impuestos intencionalmente por otros.
  • Los que simplemente trajo la vida.

Estoy segura que hay otras tipologías (y si se te ocurre alguna, compartila conmigo) pero, de momento, te invito a pensar con esta: a hacer memoria y ver qué cambios te vienen a la mente. Una vez que los hayas registrado, te invito a que pienses qué emociones te generaron (o generan).

Cada vez que hablamos del cambio en nuestros equipos y organizaciones podríamos empezar por aquí: ¡¿qué nos pasa a nosotros con los cambios?! ¡¿qué creencias tenemos respecto al cambio?! ¡¿cómo los vivimos?! ¡¿qué emociones nos generan?!

Si hiciéramos este ejercicio, tal vez desactivaríamos el famoso «siempre lo hicimos así». Es más, no habría un «siempre lo hicimos así» que resistiera. Si hiciéramos este ejercicio, equipos, líderes y organizaciones tomarían consciencia sobre qué implican los cambios y estarían mejor «preparados» para afrontarlos.

Si ya te tomaste un rato para responder estas preguntas, te comparto mis impresiones:

  • El cambio elegido consciente: chapeau. Motivación a tope y una sensibilidad que me abre puertas. Ojalá todos los cambios fueran así.
  • El cambio «elegido» e inconsciente me da motivación, sí. Pero cada tanto me trae facturas (y a veces con intereses). Esas son sus sombras.
  • El cambio impuesto por «algún otro». A veces lo tomo mejor, a veces peor. Depende de cuál sea el cambio, del día, de quién venga.
  • El cambio impuesto por «la vida» (fuerza mayor). Convivo con él, ¡¿qué más remedio?! Lo único que puedo ver es qué hago con él.

Aquí veo una diferencia abismal. Los cambios elegidos y, sobre todo, los aciertos y desaciertos que vienen de su mano los llevo bastante bien. Suelo amigarme con ellos. Los cambios impuestos me dan algún berrinche y diría que funcionan mejor en el momento en que cambian de status y dejan de ser impuestos porque me los apropio. ¡¿Te (re)suena lo que te cuento?!

Entonces te pregunto: los cambios que andan dando vueltas en tu equipo y organización, ¡¿son elegidos?! ¡¿por quiénes?! ¡¿hay consciencia en ellos?! Y podríamos multiplicar estas preguntas pero, tal vez revisando estas con profundidad, ya tenemos un primer pasito para convivir mejor con el cambio…

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