Cambio, ¡¿qué cambió?!

Aviso para navegantes nº1: Este es un post para pensar en el mundo que vivimos. Está escrito en pijama y está pensado para que lo leas en pantuflas / ojotas.

Aviso para navegantes nº2: Cada día me contratan organizaciones que quieren adaptarse al cambio y saber qué es eso de Agile: lo que no sospechan es la naturaleza ni la magnitud del desafío al que se enfrentan. Este post busca dar un poco de luz a este asunto.

Hasta mis 22 años viví en Buenos Aires. Cada vez que salía de casa le preguntaba a un ser muy pero que muy importante en mi vida cómo tenía que llegar a destino: la magnífica guía Filcar (con espiral y gordita, todo un placer para llevar en la espalda) (si no te suena lo que digo, es que sos muy joven, paciencia: está en Google).

Cuando estaba un poco más vaga, usaba el teléfono de disco (nada de inalámbricos) y llamaba a mi abuela o a mi mamá para saber cómo llegar a destino. Salía de casa y emprendía mi viaje en “bondi”. Fin de la historia.

Después me fui a vivir durante más de una década a Zaragoza, España. Una ciudad pequeña y “amorosa” en la que iba a todas partes caminando o en bici… ¡un placer! Sin embargo hace 3 años y medio tuve la magnífica idea de volver a Buenos Aires (si te estás preguntando porqué, puedo contártelo más adelante).

Desde que volví a la ciudad de la furia me di cuenta que no puedo salir de casa sin hablar con dos seres muy especiales en mi vida. ¡¿Sabés quiénes son?! Efectivamente: Google Map y Waze.

Ambos me preguntan adónde quiero ir y cómo quiero viajar. En transporte público, en coche o caminando. Con transbordo, sin transbordo. Con peaje, sin peaje. Y, obvio: la ruta más rápida. Entonces Google Map configura la mejor ruta para que llegue a destino. (Tal vez, algún día, Google nos permitirá elegir la ruta más placentera: el maravilloso día en el que dejemos de correr).

Desde que yo pongo un pie en la calle, Google sabe que esta ciudad «padece» cortes de calles por piquetes / manifestaciones, podas de árboles, arreglos en el tendido eléctrico, accidentes o simplemente alguien estacionado en doble mano y, por eso, cada tanto y con su mejor acento español, Google te dice “recalculando, hemos encontrado una mejor ruta”.

La mayoría de mortales amamos el momento en el que Google nos desvía a tiempo. Recalcular es un verbo hermoso cuando hablamos de movilidad urbana. Y necesario: porque los cortes de calles son inherentes a la ciudad de la furia.

Ahora, pasemos del tráfico al mundo. ¡¿Ves alguna similitud?! ¡¿Esto te (re)suena?! Cuando decís “mundo”, ¡¿qué imagen te viene a la cabeza?! ¡¿ un lugar fijo, estático, certero o un lugar dinámico e incierto?! Tomate un minuto y pensá.

Aquí van algunas pinceladas de esta postal:

  • Todo lo que mostró «Volver al Futuro 2» se quedó corto.
  • Empresas que desaparecen después de haber dominado décadas y mercados (Kodak, Blockbuster y… ¡seguro estás cansado de escuchar esto!).
  • Start-ups que reinventan la rueda y lo revolucionan todo (Airbnb, Spotify y…).
  • La desaparición del «trabajo para toda la vida» y la amenaza constante de los robots ante una sociedad-post-laboral que no termina de aparecer.

Por eso, ahora te invito a pensar en tu vida: ¡¿sos como Google Map?! ¡¿tenés creencias, valores y herramientas que te permitan recalcular y sin (demasiado) sufrimiento?! Me puse existencial de golpe…

El sistema educativo en el que pasamos las primeras décadas de nuestra vida fue creado para un mundo de certezas y nosotros fuimos educados para (sobre)vivir en él. Pero aquí estamos: nos despistamos y nos cambiaron el tablero de juego. El siglo XXI trajo en su ADN el cambio como única constante y no nos queda otra más que recalcular una y otra vez. Y el que no lo crea, que venga y me convenza.

Las organizaciones y las personas que quieren adaptarse al cambio y saber qué es eso de Agile deberían parar la pelota y reflexionar. Saber cómo es el mundo que nos rodea (e interpela) es fundamental. Pero estamos tan-tan apurados que no dedicamos tiempo a esta tarea. Y no es que quiera ponerme dramática pero confundir o desatender el contexto nos genera muchas (falsas) ilusiones y esperanzas, mucho sufrimiento, ¡mucho sinsentido!

Personas y organizaciones tenemos que comprender el contexto en el que nos encontramos para comprender la naturaleza y la magnitud del desafío al que nos enfrentamos. Para (sobre)vivir en un mundo de cambios exponenciales, cambiar el chip es el reto y si estamos dispuestos a hacerlo es la pregunta. ¡Aquí te la dejo!

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