Aprendizaje 3.0

Esta semana tenía que dar una charla sobre Agilidad para la Red de Formadores del Banco Galicia. O eso fue lo que pensé en un principio. Sin embargo, hace dos semanas nos reunimos con el equipo de Gestión del Capital Humano y resultó que… ¡necesitaban otra cosa! En el Banco llevan tiempo trabajando con un gran equipo de coachs ágiles y la labor de sensibilización sobre Agile ya está hecha.

Ese día dijeron una frase que me quedó dando vueltas en la cabeza: «no podemos transformar la organización si no transformamos nuestro modelo de aprendizaje». Solo me quedó decir amén (y eso que yo no soy religiosa ni católica). Había que recalcular.

Xime (mi socia) pensó que estaba chiflada: «¿vas a armar una nueva charla en una semana? ¿la última semana del año?» (viajo este lunes). Le dije que sí y me puse manos a la obra. Y poco a poco fui descubriendo que, sin saberlo, Mariele y Soledad me habían hecho un regalo gi-gan-te: «Aprendizaje 3.0».

Para ponerlos en contexto, mi charla sería el cierre de una Jornada para la Red de Formadores de la empresa. Estaría frente a más de 150 personas que serán claves en un nuevo modelo de aprendizaje. La pregunta era ¡¿qué podría aportarles?!

Años trabajando en formación: por y para la transformación de las personas y las organizaciones. Eso era lo que tenía para aportar. Y lo mucho que esto me apasiona, claro. Cientos de horas (¡¿o miles?!) dedicadas a reflexionar cómo crear / promover / facilitar las mejores experiencias de aprendizaje seguro me servirían para algo.

Empecé a escribir ideas sueltas en post-its:

  • Hice memoria de mi «trayectoria» como estudiante y como formadora.
  • Busqué algunos libros viejos: sobre todo «Training from the back of the room» de Sharon Bowman.
  • Compré y leí algunos online: fundamentalmente «Learning 3.0» de Alexandre Magno y recomendado por el gran Luis Mulato.
  • Navegué, divagué y le di mil vueltas.

Cuando faltaban días para la charla seguía en fase de «divergencia». Todavía el hilo de la charla no aparecía. Me conozco el proceso creativo así que no me preocupé demasiado. Confiaba en que iba a aparecer en algún momento. Y así fue. En ese juego de «quita y pon» esto es lo que apareció…

El mundo está cambiando cada vez más rápido. El cambio es la única constante. Ustedes ya están cansados de oírlo y yo de decirlo. (Pero puede que algún despistado todavía no lo tenga tan presente). En este contexto, las organizaciones van a tener que adaptarse. Y aquí es donde el aprendizaje entra en acción: adaptarse a los cambios requiere aprender.  

Por eso, todas las organizaciones que andan «desesperadas», preguntándose cómo adaptarse a los cambios y queriendo «bailar con la agilidad», deberían tomarse un minuto, parar y respirar y preguntarse: ¡¿nuestro modelo de aprendizaje es el adecuado para surfear tiempos complejos?!

Esa fue la pregunta con la que inicié la charla del viernes. Y aterrizó en la sala en forma de juegos. Los juegos son mi gran aliado para que nadie se duerma, sí. Pero también para divertirnos, tomar consciencia, pasar las ideas por el cuerpo y ¡aprender!

El primer juego fue una adaptación de un juego que hizo el gran David Canteros en Ágiles Córdoba 2018. El segundo lo tomé de mis clases de impro con los maravillosos Improcrash. Ambos nos invitaban a reflexionar sobre cuáles son las mejores condiciones para que el aprendizaje ocurra.

Para los ánimos más curiosos, aquí les cuento más sobre cómo fueron… ¡y para que puedan hacerlos «at home»! 

Si bien a la hora de jugar hay tantas lecturas como jugadores, los juegos traían algún mensaje. Es muy difícil obligar al otro a hacer algo que no quiere. Difícil, costoso, inútil. Por otra parte, en el mundo de hoy y sometidos a tantos estímulos, el ritmo es cada vez más importante. Necesitamos captar al otro con el ritmo y después con el contenido. Pero esto no es fácil. ¡¿Saben porqué?! Les cuento un secreto: somos un poco vagos. Queremos algo que nos llame la atención sí, pero que no nos haga trabajar tanto-tanto.

Y esto exige un «arte» a los que nos dedicamos a la formación. Tenemos que estar atentos, encontrar el ritmo y saber que haberlo encontrado no significa nada. Es solo un equilibrio precario que tendrá que reinventarse a cada momento y en función de lo que nuestros interlocutores necesitan…

¡¿Les suena?! ¡¿Sigo un poco más?!

En la charla hicimos un quiz rápido y con forma de zumbido para ver qué nos pasaba como aprendices: las ganas con las que vamos a los talleres, la atención que prestamos, la medida en la que colaboramos con otros y cuánto de lo que vemos salta a la práctica después.

En mi caso dije que ODIO (sí, así, con mayúsculas) el delivery de contenidos. Viene alguien con su librito y entrega el programa. Esto motivó que jugara largas partidas de truco en el secundario. Y que hoy se me vaya la cabeza a algún otro sitio (o simplemente a mi teléfono). Este modelo de «delivery»  de contenidos es mecánico, se repite una y otra vez sin importar quién esté del otro lado. «Corta y pega» que le dicen. Tiene poca escucha y poca magia. ¡¿Alguna semejanza con la realidad?!

Tengo la sensación que este modelo sigue predominando y que no somos conscientes de la gravedad del asunto. Las empresas gastan fortunas diciéndole a la gente qué estudiar, cuándo y cómo y diciéndole a los formadores qué dar, cómo y cuándo. Y dónde, obvio. Es inútil y costoso. De hecho, hagan un cálculo: 40 personas en un taller de 8 horas de «delivery de contenidos» no son 8 horas perdidas sino que hay que multiplicar: son 320 horas tiradas a la basura. 

Y aclaro: el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. ¡¿Quién no dio un taller así?! ¡¿Quién no ha caído en este modelo sin darse cuenta alguna que otra vez?!¡¿Quién no luchó por salir de este modelo?!

El aprendizaje centrado en el formador (y podemos hablar de la cascada hacía «arriba») no funciona. El aprendizaje tiene que estar centrado en el aprendiz. O no será. ¿Y qué significa esto? Entender que no hay una fórmula de la Coca-Cola.

Cada uno aprende a su modo. Mi socia aprende mirando videos y oyendo audios mientras maneja. Yo, que tengo la concentración atrofiada, no puedo con esos formatos. Mi ansiedad se dispara y la atención al video me dura instantes. Eso sí: denme libros y verán cómo florecen en mis manos. O al menos mis notas. Amo leer. Y si es en papel, ¡mejor!

Algunos aprenden mirando Youtubes; otros escuchando TEDs. Algunos aman ir a las Fuck-Up Nights. Están quienes se anotan en cursos de Coursera o Webinars. (Confieso que yo me suelo apuntar pero no logro hacer tiempo a mirarlos…)

Algunos aprenden solos, otros conversando. Algunos rápido, otros a fuego lento. Y cada uno en «sus momentos». Yo amaba la noche para estudiar. Mi cuerpo funciona genial a partir de las 23 pero hoy, con niño a bordo, esa opción desapareció. También amo los lugares más diversos para concentrarme: colectivos, bares y plazas. Los escritorios nunca fueron mi fuerte. Y la última, última, última: la forma en la que más aprendo es enseñando.

Como ven, todo esto es anecdótico, sí. Y seguro alguno asintió con la cabeza y algún otro pensó en su propio modelo de aprendizaje. Y es que el modelo de aprendizaje es así: personal, anecdótico y propio. Siempre lo fue.

Entonces, ¡¿qué es lo «nuevo»?! Y este es un mensaje importante. Lo fue para la charla y lo es para este post.

Las nuevas tecnologías multiplican las posibilidades de que «elijamos nuestra propia aventura». Y aquí aparece la tensión…. porque mientras las nuevas tecnologías multiplican las posibilidades de centrarnos en el aprendiz, hay un todo un «sistema» que se resiste al cambio.

Cada vez aprendemos más «on-demand» y durante toda la vida. De hecho, reemplazamos el «para» toda la vida por un «durante» toda la vida. Aprendemos en pildoritas, online y offline, solos y en comunidad. Lo que queremos, cuándo queremos, cómo queremos. En este siglo, «cada maestro con su librito» está muerto. Hoy rige «cada aprendiz a su manera».

Entonces vuelvo a la pregunta del inicio: ¡¿qué modelo de aprendizaje experimentamos en nuestros días?! (como aprendices y como formadores) ¡¿Funcionan para surfear tiempos de cambios?! 

Del libro «Learning 3.0» de Alexandro Magno saqué estas definiciones (aclaro, no son textuales) que nos permiten parar y ver dónde andamos…

El reto que tenemos hoy es trabajar por el Aprendizaje 3.0. Y… ¡¿quiénes tienen el reto?! La primera reacción de alguno será decir: «el reto es de los formadores», «de las instituciones formativas», «de las empresas». Y sí. Todos estos tienen responsabilidades. Y los aprendices también. Porque hasta ahora no dije nada pero «dos no bailan tango si uno no quiere».

Los modelos de Aprendizaje 1.0 y 2.0 han sido y son muy cómodos para muchos. No maximizan el aprendizaje pero «mejor malo conocido que bueno por conocer». 

Muchos prefieren perder el tiempo y quejarse antes que meterse con cabeza, corazón y cuerpo en la experiencia de aprendizaje. Depositan toda la responsabilidad del aprendizaje en el formador… ¡como si esto fuera posible! 

El aprendizaje 3.0 es un aprendizaje «líquido» en el que la responsabilidad es compartida. Y aquí vuelvo con mi mantra: este siglo requiere liberar el talento de las personas, promover la colaboración, fomentar la experimentación, asegurar el aprendizaje.

Ahora, ¡¿es fácil lograr eso?!

¡En lo absoluto! Al formador le dijeron que tiene que tener el centro de la sala y las respuestas. «¡¿O acaso alguien quiere ser un chanta?!». Y así, el formador quedó preso en la ilusión del superhéroe, cargando toda la responsabilidad sobre sus hombros. Peso y ego. 

El formador se crió escuchando esto. Creció viendo a otros formadores que tenían este chip. Y, como si fuera poco, al abandonar el sistema educativo, se encontró con un mundo laboral que no solo no suelta sino que profundiza este modelo. El paralelismo entre el formador y el jefe es simplemente… ¡perfecto! 

Por eso no es fácil pasar al aprendizaje 3.0. No ocurre de un día para el otro. Ni como formador ni como aprendiz. Es un cambio lento. En el que lo primero que tenemos que revisar son nuestras creencias. Y después ir pasito a pasito. Primero, viendo dónde estamos hoy y, luego, pensando adónde podemos llegar.

Así que aquí les dejo algunos matices que llevé a la charla y que traigo aquí para la reflexión…

Y cierro. Cambiar nuestros modelos de aprendizaje y construir nuevos modelos basados en el empoderamiento de las personas es vital. Las personas necesitamos volver a conectar con lo humano y lo creativo que hay en nosotros. Para encontrar sentido, para ser felices. Si podemos revolucionar el mundo del aprendizaje, estaremos revolucionando a las organizaciones, sí. Y sobre todo, a las personas.

4 Comments

  1. Buenos dias Melina! Como estas?
    Desde linkedin pude ver post que publicaste sobre ciertos temas que me interesan.
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    Desde ya, muchas gracias.

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