Transformaciones

Somos muchos los que trabajamos en la transformación de las organizaciones. Con distintas etiquetas y desde distintos ángulos. En mi caso, es un secreto mal guardado: no trabajo por la transformación de las organizaciones sino de las personas. Léase: actúo en organizaciones, sí. Pero creo que la única transformación sostenible es la que va al hueso: a las personas. Y, en última instancia, creo que también es la única que tiene sentido. ¡¿Mi sueño?! Lograr que a la gente le brillen los ojos en su día a día (y que esto no sea algo que ocurra a partir de las 6 de la tarde).

En mi caso, tuve suerte: mis viejos siempre me dijeron que hiciera aquello que deseara hacer y que confiara. «Vos elegí lo que te guste que te va a ir bien». Y tuve «otra» suerte: mi abuelo, un tipo al que le brillaron los ojos con lo que hacía hasta el día en el que murió a sus 90 años. No decía nada, solo predicaba con el ejemplo.

En mi caso, también tuve «mala suerte». Si es que así puede llamarse. Mis viejos se fueron pronto. Mi viejo falleció a los 50, mi vieja a los 60. Esta mala suerte reforzó la otra buena suerte y se convirtió en una convicción: la vida es demasiada corta y no quiero dejar nada para mañana. Por todo esto tal vez me paso de impulsiva y doy giros de timón que casi nadie entiende, buscando que cada segundo sea especial. Entiendo, sí, que existe el ying y yang pero… sigo pensando que la vida va de esto.

Toda esta intro (gigante) para explicar que con esta lógica trabajé varios años con startups. Con charlas, talleres o acompañamiento, la pregunta se repetía: ¡¿cuál es tu fórmula personal?! ¡¿cómo lograr poner a jugar tus pasiones+propósitos, tus habilidades+conocimientos y lo que el mundo+el otro requiere?!

Y hoy trabajo en la transformación de las organizaciones. Cambié de escala pero el camino sigue intacto. Intento tocar alguna fibra sensible para que cada una de las personas que me cruzo despierten su curiosidad, sus sueños y su confianza en si mismos (y en que pueden cambiar las cosas).  

La agilidad se convirtió en una excusa, una aliada y una oportunidad para seguir trabajando por las personas. No por nada… «Personas e interacciones» reza el Manifiesto Ágil. Transformación por y para las personas. Transformación con y desde las personas.

Hace años ando probando distintos recorridos. Experimento, acierto, meto la pata, aprendo, dudo (¡cómo dudo!)… y arranco una y otra vez. Bien o mal, intento fluir e invito a otros a fluir (conmigo, solos, entre ellos). Procurando ser coherente y honesta.

En estos últimos meses, pude además dar otro salto: empezar a trabajar en comunidad. Me fui metiendo en grupos de gente que trabaja, siente y vive con este chip. Y me hace feliz. Esta semana, esto se refleja en que lanzamos dos Meetups: un encuentro del Laboratorio de Transformación Organizacional y otro de Gobierno 3.0. Dos espacios para compartir aventuras y desventuras de transformación.

Así que cierro este post (y tal vez esta semana), compartiendo mi brillo en los ojos. ¡Y a transformar (me)(nos)!

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