El arte de navegar el cambio

 

Hoy es un día especial. Oficialmente damos por inaugurada la temporada de «Profesionales en Pantuflas»  con una invitada de lujo: Miriam Moreno Bellido (bombos y platillos). Miriam nos regala una entrevista para leer-y-releer, reflexionar y saborear. Con la sensibilidad, la honestidad y la generosidad que la caracterizan, nos descubre el arte de transitar las mareas de «el cambio» (y no perdernos en ellas)…

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¡¿Qué es eso de ser una navegante del cambio?! ¡¿Qué es lo mejor y lo peor de ser una navegante del cambio?!

Una navegante es la profesional que facilita que una nave llegue a buen puerto a través del uso de las herramientas a su alcance. Y el cambio, el viaje en el que acompaña a sistemas, organizaciones, equipos, y personas.

Este término me surgió de una imagen inconsciente.  Cuando imagino a una organización o sistema en el cambio, me viene todo el tiempo la imagen de un barquito de papel (vulnerabilidad) navegando en un océano inmenso y desconocido (valentía).  Esta imagen me resultaba muy representativa de lxs que son mis clientes: organizaciones u otros sistemas, que están apunto de embarcarse en la aventura del cambio, que miran la inmensidad del océano, que quieren/saben que deben echarse a navegar en él, pero desconocen el arte y oficio de navegar (en este caso de la facilitación, gestión y promoción del cambio) y buscan por tanto a una profesional en este arte.  Organizaciones y sistemas que quieren que en el viaje la tripulación sufra lo menos posible, llegar vivxs a buen puerto y hacerlo reforzadxs en el cambio aprovechando la potencialidad de la tripulación.

Es por eso que no sólo acuñé el término «navegante del cambio» para hablar de una facilitadora del cambio sino que además incluí esta imagen en mi logotipo (un barco rojo).     

¡¿Vivir para transformar o transformar para vivir?!

Es muy difícil separar lo uno de lo otro, no? 🙂 

Inicialmente, sin duda: transformar para vivir.  Siempre «vivir», y además «vivir bien y de forma sana y feliz», como fin último.  Lo que pasa es que para ello estamos en transformación constante.  Se me hace imposible imaginar la vida sin transformación.  Va contra el mismo concepto de «vida».  Estaríamos muertos si permaneciésemos estáticos.  En nuestra naturaleza está el cambio: nuestro cuerpo se transforma, nuestras células mutan, nuestro organismo está en permanente movimiento ya sólo con las funciones más básicas: respirar, latir del corazón…..

Y toda transformación requiere una pérdida y una inversión de energía.  Lo cual nos trae tanta satisfacción como frustración.  

Esta tensión entre frustración y satisfacción es uno de los motores que nos lleva al cambio.  Si a esta tensión le sumamos una perspectiva sistémica, la tensión aumenta, puesto que los movimientos que hacen el resto de elementos (personas, circunstancias, otros sistemas… dentro y fuera de nuestra organización, a nivel micro o macro…) afectan a los nuestros propios, haciendo que debamos invertir una mayor energía en el cambio o la transformación para manejar nuestra propia tensión frustración-satisfacción.  Llegándose por tanto a esa asimilación entre «transformar para vivir» y «vivir para transformar».

Aquellas personas con una fuerte vocación directamente hacen una inversión total entre «transformar para vivir» y «vivir para transformar».  Algunas de forma consciente, otras de forma inconsciente.

El cambio está hecho de… (fill in the blanks)

… materia líquida difícil de controlar.  Me gustaría decir otra cosa, para la tranquilidad de muchxs, pero no es así.  Facilitar el cambio significa estar dispuestx a perder en parte el control.  Actuar y gestionar un cambio bajo la fantasía de mantener el control absoluto lleva al diseño y planificación del cambio desde la negación de la realidad y por tanto hacerlo de forma desajustada y que fomenta las resistencias inherentes ya de por sí en el cambio.

Por eso es más acertado el término «facilitar el cambio» frente a «gestionar el cambio» aunque muchas veces se emplea este segundo por ser un término más común y al que las personas suelen estar más habituadas.

También me gustaría poder decir que el cambio está hecho de amor, pero la experiencia me dice que no, o no solamente, por diversos aspectos: el primero de ellos es esa tensión entre frustración-satisfacción que he nombrado antes.  Si no hay una frustración o insatisfacción, no hay motor o motivación para generar energía que invertir en un cambio.  Con lo cual el cambio y la transformación ya nacen del dolor.

Y todas las organizaciones que hasta la fecha me han llamado es porque se han embarcado en un proceso de transformación y están empezando a tener «dolores» o prevén que va a haberlos.  Por lo cual buscan a una persona que les ayude a reducir este dolor.

Lo cual no quita que se pueda poner mucho amor en el proceso.  Y no me refiero a darnos besos y abrazos o hacer terapia, sino a realizar una transformación organizacional respetuosa con el sistema, la organización como un todo, y sus integrantes.

Facilitar procesos de cambio, ¡¿es un arte o una técnica?!

Sin duda es un arte.  

Fotografiar es un arte.  Hacerlo con una cámara analógica, estenopéica o digital, es una «herramienta». Emplear una exposición lenta o rápida podríamos decir que es una «técnica».  Fotografiar con o sin trípode sería una «metodología».  Pero si tu coges una cámara analógica, empleas una exposición lenta y usas un trípode, no te asegura que vayas a hacer una buena foto.  No significa que conozcas el arte, ni que seas artista.

Esto mismo es aplicable al cambio.  Facilitar procesos de cambio es un arte.  Y luego hay diversas herramientas, técnicas y metodologías que cada profesional emplea.  Pero emplear diversas herramientas, técnicas y metodologías no te hace un/a artista de este oficio.  Para ello hay que entrenarse en el arte.

De hecho es así «aprender el arte y oficio de promover el cambio» es como solemos titular los talleres que ofrecemos mi colega profesional Eugenio Moliní y yo.

¡¿Cuál fue la gran transformación que tuviste que hacer en vos para poder ayudar a otros en sus procesos de cambio?!

En realidad no hubo un hito puntual que me dispusiera para esto.  Más bien fue toda una andadura.  Por ejemplo, el haber estado 20 años trabajando dentro de organizaciones, antes de trabajar como externa, siendo agente de cambio y promotora del cambio en las mismas desde la posición que ocupé en cada una de ellas y experimentar allí, de primera mano, las dificultades a las que se enfrenta alguien que trata de promover el cambio, es una de las cosas que más me ha ayudado.

¡¿Qué es eso de las organizaciones líquidas?!

Para mí el concepto «líquido» es igual a «permeable», «flexible» y «mutante».  Por tanto organizaciones, o equipos o cualquier otra cosa, líquidas son aquellas que en vez de permanecer estancas entran en la dinámica de influir y dejarse influir, dejan atrás el miedo a perder las estructuras conocidas y abrazan la flexibilidad y el agilismo.  Entendiendo «agilismo» no como las metodologías ágiles, aunque estas faciliten ciertos aspectos operativos del «ser ágil», sino como la apertura al aprendizaje constante y esa capacidad de cambiar de forma rápida y no sólo reactiva, también proactiva.

El Gobierno… ¡¿podría ser «más líquido»?!   

Sólo ha de querer y tener la reflexión de hasta dónde es aceptable y asumible, cuál es su margen de «pánico sostenible».  Este «pánico sostenible» es lo que da la información sobre dónde están los límites de lo posible en un momento y situación reales determinados, o hasta dónde se está preparado para llegar.

Sobre esto me gusta mucho ver el trabajo que tu estás haciendo.

Las organizaciones mueren por… (fill in the blanks)

Miles de cosas.  Depende de lo que cada persona entienda por «estar muerto/a».

Las organizaciones viven por… (fill in the blanks)

Misma respuesta que arriba 🙂

¡¿Qué cosas te vienen a la cabeza cuando escuchás la palabra «fracaso»?! ¡¿Qué cosas te han dicho?! ¡¿qué cosas te decís?! ¡¿y cuáles les decís a otros?!

Si yo fuese norteamericana, al escuchar la palabra «fracaso» tal vez vendría a mi mente: «oportunidad de aprender».  Aunque, si bien es cierto, que esta cultura del aprendizaje está más integrada en USA, permíteme que ponga en duda que sea absolutamente así.  Creo que tienen tantas neurosis o más que en cualquier otra parte del mundo.  

Como no soy norteamericana, sino que soy europea, y más concretamente española, a mi cabeza vienen un montón de prejuicios que en nuestra sociedad se manejan, tales como: que mi carrera profesional no se corresponda con los estándares de éxito marcados, que pierda mis bienes, no mantener e incluso no mejorar el nivel de vida de la clase social en la que he nacido….  

Si a esto añado que además soy mujer, la lista aumenta aún más.

Lo que me gustaría que viniese a mi cabeza al oír la palabra «fracaso» es: nada.  Ni siquiera el no verse cumplidas mis propias expectativas.

La tensión entre frustración-satisfacción que me parece vital como generadora de vida, motor organizacional y motor social; me parece, sin embargo, tóxica cuando se alía con esquemas pre-establecidos de «fracaso» que genera y son reforzados por la «sociedad del cansancio».  Tema este, el de «la sociedad del cansancio» y sus efectos, que me despierta una gran inquietud y frustración 🙂 por lo cual ya estoy poniendo en marcha diversas acciones para la transformación.  Una de ellas: un taller, junto a un colega profesional, para trabajar todos estos conceptos.  Otra: una exposición fotográfica que pone de relieve cómo somatizamos corporalmente la presión que nos produce sostener una sociedad así.

Bonus track: ¡¿Cómo y cuándo empezó tu historia de «amor» con la cámara de fotos?! ¡¿Qué tiene de única?!

Qué sorpresa esta pregunta!!! 😀

Esta historia de amor comenzó hace unos 8 años al pasar por una etapa de crisis personal.  Como no podía sostener dentro de mí algunas de las emociones que dicha crisis me generó, de forma intuitiva encontré en la fotografía una forma de ponerlas fuera para disociarme y abordarlas con más facilidad.

Y esto es lo que tiene de única para mi.  Que es un canal comunicativo muy potente con una misma y con lxs demás.

Además es un entrenamiento a la observación absoluto, y esto me ha servido para el trabajo en consultoría para organizaciones.  Estoy desarrollando un enfoque en el que integro elementos aprendidos en la fotografía de forma que sean útiles en la consultoría de cualquier ámbito y también en otros campos profesionales/personales, enfoque del cual presenté una primera aproximación en el Berlin Change Days 2016 y en él les presentaba este vídeo en el que se ve cuánto más ve una persona entrenada en la fotografía y el arte de mirar.  Y el arte de mirar es muy importante cuando vas a realizar una intervención en una organización.

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Un disco que te acompaña en las aventuras de cambio…

Un disco que me da un «push» de energía cuando esta flaquea es «The time of the Oath» de Helloween.

Una película para reflexionar sobre el cambio.

Tengo mi «disco duro cerebral» tan lleno de cosas que hay muchas que ya no me caben.  Mi cerebro lo sabe y hace ya tiempo que empezó, no a borra, que también, sino a dejar de grabar algunas informaciones.  Entre ellas, las películas que veo.  Así que citaré la mejor recomendación entre lo más reciente: el documental «En el mismo barco» con cuyo director coincidí el pasado mes de noviembre en el OuiShare Fest de Barcelona, y el film Tres anuncios en las afueras.

Ahora sí. Después de haber leído, ¡toca que te la presente!

El prontuario de Miriam es grande. Detrás de las gafas se esconden varios «Lados B» (¡¿o deberíamos llamarles «Lados A»?!). Miriam in Change y Thorn Fotografin son algunos de los que ya tienen cara y color, sí, pero estoy segura que hay muchas otras identidades reinventándose en este mismo momento. Eso sí, hoy la ecuación que resume su día a día es facilitación del cambio + procesos participativos + organizaciones y sistemas en red.  Si te quedaste con ganas de más, ¡te recomiendo que te aventures y sigas navegando con ella a través de su blog!

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