El arte de dejar pasar oportunidades

Surge una gran nueva oportunidad (un nuevo curso a dar, una nueva charla a escribir, un nuevo cliente, un… ¡lo que sea! = podés hacer acá tu «fill in the blanks»). Te entusiasma. Y como sos un apasionaaaado de la vida, te acelerás. Esbozás una sonrisa grande-requete-re-grande. Te lo imaginás. Y obviamente, ¡aceptás! ¡¿Cómo te vas a perder este «regalito» caído del cielo?! Estás en la fase 1: «el enamoramiento».

Te olvidás y seguís con todo el resto de cosas que llevabas entre manos. Un rato después te das cuenta del «embolao» en el que te metiste (expresión española que refiere a un gran-pero-que-gran-quilombo). La oportunidad es maravillosa, sí. Pero como todo en esta vida, tiene un costo. Aceptarla implica dejar otras cosas. Ya no tenés «veintis» y sabés que en esta vida todo-todo-todo no se puede y que un sí solo se equilibra con un no. Sin embargo, parece que cada vez que se presenta ese algo nuevo, se te olvida todo esto…

En fin, volvamos. Sabés que es un «embolao» y entrás en la fase 2: «el tironeo». Dijiste que sí en el calentón pero ahora el sí es menos sí. Si pero no. Por un lado quiero pero por otro… Decir que sí va implicar correr más. Mucho más. Dejar algún hobby en el freezer por un mes. Sacrificar algo de tu vida familiar. (Cada uno puede aquí volver a hacer su «fill in the blanks»). Y así dejás que el tironeo se te apodere. A algunos se les apodera por un minuto, a otros nunca se les va.  Eso sí, dure lo que dure, viene acompañado con una buena dosis de malestar.

¡¿Te suena / resuena?!

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¡¿Por qué escribo esto?! ¡¿Por qué ahora?!

Es febrero. Tengo un mes de vacaciones por delante. La calma me acompaña pero sé que marzo será otra cosa. Que las tentaciones se presentarán una y otra vez. Y que si no domino este mal que me aqueja, se vendrá un año feroz, acelerado y de desconexión (conmigo y con los otros). Así que este es el momento de «dejarme las cosas claras». O al menos de intentarlo. Este es el momento de recordar qué tengo que hacer cada vez que se presente esa «oportunidad maravillosa». Este es el momento de definir qué preguntas tengo que hacerme para saber si la oportunidad es «mi» oportunidad, «la» oportunidad con mayúsculas o… simplemente una oportunidad que no es tal.

De momento, tejo estrategias. Y armo un protocolo de supervivencia. Me digo que la próxima vez que esto ocurra (que se me presente una gran oportunidad), voy a respirar y contenerme. Y no voy a aceptar a la primera. Por mucho que quiera no voy a aceptar a la primera. Voy a esperar cinco minutos. ¡¿5 minutos?! Voy a esperar unas horas. E incluso un día, ¡¿por qué no?! Y me voy a hacer varias preguntas: ¡¿qué hace que esta sea realmente una gran oportunidad para mi?! ¡¿Es única?! ¡¿Por qué quiero aceptarla -ego, reconocimiento, placer, aprendizaje,…-?! ¡¿Qué cosas voy a tener que dejar si digo sí -ya sean otras oportunidades o incluso mi calma-?! Las preguntas son obvias, sí. Pero en el calentón, creanme, siempre se me olvidan.

Así que abro el juego para que todos los «adictos a las oportunidades maravillosas» tejan conmigo. ¡¿Qué podríamos hacer?! 

2 Comments

  1. Já, pavada de tarea la tuya, Melina!!. Y vos justo querés aprender a ‘decir no’ en los tiempos actuales donde todo está hecho para imponerte el sí inconsulto.
    Chade-Meng Tan dijo ‘detenerse > respirar > percibir > reflexionar > responder’.
    A tu pregunta «¿Por qué quiero aceptarla -ego, reconocimiento, placer, aprendizaje?», yo te regalo una palabra que me partio la cabeza: IKIGAI, que en japones significa ‘tener un propósito a corto y largo plazo’…
    … No sé, tal vez todo se trate de una cuestion de sopesar los contrapesos!

    PD: no quiero meterte presion mujer, pero para cuándo el libro?!

    • ¡Genio! ¡Tenés que darme un taller con todos esos conceptos japoneses!

      (El libro está en mi top 3 para marzo / Presione que viene bien-requetebién)

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