Ágil con Power Point


Antes de empezar a dar cursos de agilismo (*) fui alumna / público de distintos formadores y speakers en España y Argentina fundamentalmente. Cada uno con su estilo me fueron enseñando y demostrando no solo el arte de lo ágil sino también el arte de cómo transmitirlo.

Desde el principio, me parecieron muy disruptivas algunas propuestas: talleres en los que no había guión alguno y los contenidos se consensuaban entre los participantes. Todo quedaba reflejado en hojas gigantes e infinidad de post-its;  la ausencia de Power Points era una nota de color… ¡o algo más! Y es que la respuesta al cambio, la autogestión y la toma ágil de decisiones tenían lugar gracias a este formato.

(De hecho, muchos de los agilistas se declaran enemigos públicos del Power Point. Creen que simboliza lo centralizado, jerárquico y antiguo: una verdad, un profesor, un PPT.)

Y yo, que en esa época daba talleres sobre cómo hacer presentaciones, decidí experimentar y probar con este formato. Dejé mis PPTs en casa y salí con 30 tarjetitas de diversos temas de comunicación para profesionales de grandes empresas. Y la cosa no fue mal. La sorpresa de muchos fue grande. Había otro «flow» y yo oscilaba entre ser participante y espectadora a la vez, intrigada, muy intrigada. El balance fue positivo, sí, pero tenía que seguir experimentando.

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Probé con otro taller. Esta vez sobre estrategia y para start-ups. Misma lógica. Dejé la computadora, el USB y toda la tecnología en casa. La cosa funcionó. Distinto, sí; nunca hay dos veces iguales. Pero apareció un nuevo feedback que me dejó pensando: «esto está muy original pero… ¿y la documentación?». En nuevos experimentos, comprobé que esta pregunta volvía una y otra vez: «¿Y el PPT? ¿Y la documentación? ¡Queremos algo para leer!».

Me dio que pensar. Tenía que resolver este falso dilema que se me había presentado. Los post-its en la pared favorecían la colaboración, la autogestión, el cambio. Eso era evidente. A la vez, el PPT era un pedido del «otro», un pedido del asistente. ¿Cómo podía resguardar la colaboración y no hacer caso omiso al pedido de mi público?

Sin título

La solución llegó con mantener la lógica abierta de los post-its, el cambio y el flow, sí. Y, a la vez, contar con un PPT para cada tema. Un PPT que sea un punto de apoyo, un respiro para aquellos que «gustan de la lectura» y necesitan «esa» seguridad. Un PPT que pueda ser usado o abandonado cuando se quiera.

Léase: no hay guión del curso. El mismo lo deciden los asistentes, sí. Pero una vez definido el product backlog (la lista priorizada de contenidos), tenemos a disposición las presentaciones de caaaaada-uno-de-los-temas.

¿Eso significa que el Power Point se convierte en el centro? ¡En lo absoluto! Mantenemos juegos, dinámicas y experiencias varias. El espíritu ágil no sólo queda intacto sino que queda reforzado.

Y es que ser ágil tiene que ver con la respuesta al cambio, sí, y también con la orientación al otro (con entregar valor al otro).

Usted quiere PPT, yo le daré PPT. Aunque le daremos un marco y un uso distinto al que usted conoce e imagina. En la intersección entre «el Power Point y el post-it» nace la magia y se rompe el falso dilema.

Por lo pronto, seguiré (seguiremos) experimentando, ¡¿no?! Y si querés dejarme tu opinión al respecto… ¡encantadísima!

¡Hasta la próxima!

(*) Impartir para los lectores españoles.

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